Ariel Goldstein, un investigador argentino, publicó un libro donde detalla cómo la comunidad evangélica se ha introducido en la política americana; destacando a TrumpBolsonaro y Áñez como principales ejemplos. «Creen que gobernar es un mandato divino. Militan en contra del aborto, la educación sexual y la comunidad LGBT». «Con el tiempo han tomado más poder y reconocimiento en las redes sociales y los medios de comunicación». «Y hoy pueden pueden exigir que políticos como Donald Trump o Jair Bolsonaro lleguen a la presidencia y tomarlo como un logro para ellos». Esto y muchas otras cosas son las que el doctor en Ciencias SocialesAriel Goldstein trata sobre la comunidad cristiana en su nuevo libro «Poder evangélico». «No puede dejar de considerarse a este nuevo pentecostalismo como peligroso para la democracia», afirmó el autor en una entrevista. El problema, según el punto de vista del profesional, es que los evangélicos se han introducido tanto en la política «que tienen influencia en muchas de las decisiones que los mandatarios toman». Aunque considera más peligrosa la forma en la que «tratan de introducir la política en categorías religiosas». Goldstein decidió investigar cómo es que los evangélicos han obtenido tanto poder político en los últimos años. Llegó a la conclusión de que estos grupos se ven beneficiados por medio de su trabajo en comunidades pobres; así como la recaudación económica que «les permite construir sus propios medios de comunicación». «Los dos casos más logrados son Estados Unidos y Brasil, pero lo que pasa en Centroamérica es tremendo, están avanzando muy rápidamente», asegura. En cuanto al rápido crecimiento de los evangélicos, Goldstein cree que se debe a su rápida adaptación a todo tipo de sistemas sociales. Del mismo modo resaltó su opinión acerca de «cómo este grupo religioso espera que cada vez haya más evangélicos y menos católicos». Esto, porque la influencia de los cristianos protestantes se ha hecho más evidente en los últimos años. Por último informa de su apoyo a la idea de que los países deben ser «laicos» y que es importante defender tal punto. De esta manera confía en que los mandatarios y gobiernos pueden continuar haciendo su trabajo aunque no «con el elemento nocivo del dogmatismo religioso en el poder político». Si bien reconoce que la iglesia católica pierde fieles y presencia en América Latina, informa que la evangélica gana más fieles y cargos en poderes políticos.

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